Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Voy a describir ahora las costumbres de las aves más interesantes y más comunes en las silvestres llanuras de la Patagonia septentrional; me ocuparé ante todo de la mayor de todas ellas, el avestruz de América meridional. Todo el mundo conoce las costumbres ordinarias del avestruz. Estas aves se alimentan de materias vegetales, como hierbas y raíces; sin embargo, en Bahía Blanca he visto muy a menudo cómo tres o cuatro de ellos descendían durante la marea baja a orillas del mar y exploraban los grandes montones de barro, en aquellos momentos en seco, con el objeto, según dicen los gauchos, de buscar pececitos para comérselos. Aun cuando el avestruz sea por costumbre muy tímido, muy desconfiado y muy solitario; aunque corre con extremada rapidez, los indios o gauchos, provistos de sus boleadoras, se apoderan de ellos fácilmente. Cuando muchos jinetes hacen su aparición dispuestos en semicírculo, los avestruces se turban y no saben por qué lado escapar; de ordinario prefieren correr contra el viento; extienden sus alas al tomar impulso, y semejan un navío que iza sus velas. Cierto día muy caluroso, vi entrar a muchos avestruces en un pantano cubierto de juncos muy altos; allí permanecieron escondidos hasta que estuve muy cerca de ellos. No es cosa muy sabida ordinariamente que los avestruces se lanzan con facilidad al agua. Mr. King me comunica que en la bahía de San Blas y en Puerto Valdés, en la Patagonia, ha visto a menudo cómo pasaban a nado esas aves de una isla a otra. Se metían en el agua así que se veían perseguidas de forma que no les quedara otro lugar de retirada; pero también entran en el agua gustosas, por su voluntad; atraviesan a nado una distancia de unos 200 metros. Cuando nadan, no se ve por encima del agua más que una pequeña parte de su cuerpo; extienden el cuello algo hacia delante y avanzan muy lentamente. Por dos veces he visto atravesar el Santa Cruz a nado por los avestruces en un lugar donde el río tiene unos 400 metros de ancho y la corriente es muy rápida. El capitán Sturt⁽⁴⁶⁾, descendiendo por el Murrumbidge en Australia, vio a dos emús nadando.
