Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo He citado ya casi todos los mamíferos que se encuentran en este país. Existen tres especies de armadillos: el Dasypus minutus o pichy; el Dasypus villosus o peludo y el apar. El primero se extiende 10 grados más al sur que las otras especies; otra cuarta especie, la mulita, no llega hasta Bahía Blanca. Las cuatro tienen parecidas costumbres; el peludo, sin embargo, es un animal nocturno, en tanto que los otros van errantes durante el día por las llanuras, alimentándose de escarabajos, larvas, raíces e incluso pequeñas culebras. El apar, llamado ordinariamente mataco, es notable por tener sólo tres fajas móviles; el resto de su caparazón es casi inflexible. Tiene la facultad de arrollarse en forma de bola, como lo hace una especie de cochinilla inglesa. En este estado está a salvo contra los ataques de los perros, porque éstos, no pudiendo levantarlo entero con la boca, tratan de morderle por un costado, pero sus dientes no encuentran manera de hacer presa en aquella bola que rueda delante de ellos; también el caparazón del mataco es para éste una defensa aún mejor que las púas para el erizo. El pichy prefiere los terrenos secos; tiene afición principalmente a las dunas de arena a orillas del mar, dunas en las que, durante meses, no puede procurarse ni una sola gota de agua; este animal busca a menudo la manera de hacerse invisible agachándose contra el suelo. Por lo regular encontraba muchos de ellos en mis diarias excursiones por los alrededores de Bahía Blanca. Si se quiere cazar a ese animal, es preciso, no apearse del caballo, sino precipitarse desde lo alto de la montura, porque, cuando el suelo no es muy duro, socava con tal rapidez que, antes de haber tenido tiempo de echar pie a tierra, el cuarto trasero del animal ha desaparecido ya. Verdaderamente se experimenta algún remordimiento al dar muerte a tan lindo animal, pues, como me decía un gaucho mientras despedazaba uno: ¡Son tan mansos!