Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Como aun era temprano en el momento de nuestra llegada, montamos caballos de refresco, solicitamos un soldado que nos guiara, y partimos para la Sierra de la Ventana. Esta montaña se ve desde el puerto de Bahía Blanca, y el capitán Fitz-Roy calcula su altitud en 3.340 pies (1.000 metros), altitud muy notable en la parte oriental del continente. Creo ser el primer europeo que ha trepado por esa montaña; un corto número de soldados de la guarnición de Bahía Blanca habían tenido la curiosidad de visitarla. Por eso se repetían toda clase de historias acerca de capas de carbón, de minas de oro y plata, de cavernas y de selvas que ella contenía, historias que movían a curiosidad; pero me aguardaba un cruel desengaño. Desde la posta a la montaña hay unas 6 leguas a través de una planicie tan llana y tan desolada como la que habíamos atravesado por la mañana; pero su recorrido no dejaba de ser interesante, porque cada paso nos aproximaba a la montaña, cuyas verdaderas formas se nos aparecían más definidamente. Llegados al pie de ella, tuvimos gran dificultad en encontrar agua y por un instante pensamos que nos veríamos obligados a pasar la noche sin procurárnosla. Pero rebuscando por la ladera acabamos por descubrirla, porque, incluso a la distancia de algunos centenares de metros, los riachuelos se encuentran absorbidos por las piedras calcáreas friables y por los montones de detritos que las rodean. No creo que la Naturaleza haya producido jamás peñón más desolado ni más solitario; bien merece su nombre de hurtado o aislado. La montaña es escarpada y en extremo abrupta, llena de grietas y tan desprovista de árboles y de monte bajo, que, a pesar de nuestras búsquedas, no pudimos encontrar con qué hacer un asador para asar carne encima de un fuego de tallos de cardo silvestre⁽⁵⁹⁾. El extraño aspecto de esa montaña se encuentra realzado por la llanura de los alrededores, que se parece al mar; planicie que no solamente viene a morir al pie de los abruptos flancos del peñón, sino que también separa las estribaciones paralelas. La uniformidad de color hace muy monótono el paisaje; en efecto, ningún matiz más brillante se destaca sobre el gris blancuzco de la roca silícea y el color pardo claro de la marchita hierba de la llanura. De ordinario, en los alrededores de una alta montaña se espera ver un país accidentado y sembrado de inmensos fragmentos de rocas. La Naturaleza da aquí la prueba de que el último movimiento que se produce para cambiar el lecho del mar en tierra seca, puede efectuarse, a veces, con toda tranquilidad. En esas circunstancias, yo sentía gran curiosidad por saber a qué distancia habían podido ser trasladados los guijarros provenientes del peñón primitivo. Porque en las costas de Bahía Blanca y cerca de la ciudad de este nombre se encuentran trozos de cuarzo que seguramente provienen de esta montaña, situadas a 45 millas (72 kilómetros) de distancia.
