Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Los soldados, que pertenecían a la posta siguiente, quieren volver a sus casas; y como, reuniéndonos a ellos, seremos cinco hombres armados, me decido a no esperar las tropas anunciadas. Mi huésped, el teniente, hace todos los esfuerzos posibles para retenerme. Ha sido en extremo cortés conmigo; no sólo me ha alimentado, sino que me ha prestado sus caballos particulares, y por eso deseo remunerarle de alguna manera. Le pregunto a mi guía si la costumbre permite hacerlo y dice que no, y añade que, además de una negativa, el teniente me dirá algo como esto: "En nuestro país, damos carne a nuestros perros; no hay por qué vendérsela, pues, a los cristianos". Y no debe creerse que sea el rango del teniente en tal ejército la causa de la negativa a aceptar el pago; no, esa negativa proviene de que, en toda la extensión de estas provincias, todos y cada uno de los viajeros podrán asegurarlo, la práctica de la hospitalidad se considera como un deber. Después de recorrer al galope unas cuantas leguas, penetramos en una región baja y pantanosa que se extiende hacia el norte durante cerca de 80 millas (123 kilómetros), hasta la Sierra de Tapalqué. En ciertos lugares, esta región consiste en hermosas y húmedas llanuras recubiertas de césped; en otras en un terreno blanco, negro y turboso. Se encuentran también numerosos lagos muy grandes, pero poco profundos, e inmensos campos de cañas. En suma, este país se parece a los lugares más bellos de los marjales de Cambridgeshire. Por la noche, en medio de los pantanos, tenemos alguna dificultad para encontrar un lugar seco donde establecer nuestro vivac.