Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo (15 de septiembre)
Partimos temprano. Bien pronto pasamos cerca de las ruinas de la posta en la que sus cinco soldados fueron matados por los indios. El comandante del puesto había recibido dieciocho chuzazos. Mediado el día, después de haber galopado durante mucho tiempo, llegamos a la quinta posta. La dificultad de procurarnos caballos nos obliga a pasar allí la noche. Este punto es el más expuesto de toda la línea y por eso tiene veintiún soldados de guarnición. Al ponerse el Sol regresan de caza, trayendo consigo siete ciervos, tres avestruces, muchos armadillos y un gran número de perdices. Es costumbre, cuando se recorre la llanura, pegar fuego a las hierbas, esto es lo que han hecho hoy los soldados y por eso durante la noche asistimos a magníficas conflagraciones y el horizonte se ilumina por todos lados. Se da fuego a la llanura no sólo para amedrantar a los indios que podrían verse acosados por las llamas, sino también para mejorar los pastos. En las planicies cubiertas de césped, pero que no frecuentan los grandes rumiantes, parece necesario destruir por medio del fuego lo superfluo de la vegetación de forma que pueda retoñar así una nueva cosecha.