Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo A menudo he oído hablar, durante mi estancia en aquel lugar, de la Sierra de las Cuentas, colina situada a muchas millas al norte. Se me ha asegurado que, en efecto, se encuentran allí gran número de piedrecitas redondas de diferentes colores, todas ellas perforadas con un agujerito cilíndrico. Los indios tenían antaño la costumbre de recogerlas para formar collares y brazaletes, gusto que comparten en común, bueno es hacerlo notar de paso, todos los países salvajes lo mismo que los pueblos más civilizados. No me atrevía a conceder demasiada fe a esa historia, pero cuando se la referí al doctor Andrew en el cabo de Buena Esperanza, me dijo que recordaba haber encontrado en la costa oriental de África meridional, a unas 100 millas al este del río de San Juan, cristales de cuarzo cuyos ángulos estaban gastados por el roce y que se encontraban mezclados con gravilla a orillas del mar. Cada cristal tenía unas 5 líneas de diámetro y una longitud de una pulgada a pulgada y media. La mayor parte de ellos se hallaban perforados de uno a otro extremo por un agujerito perfectamente cilíndrico y de ancho suficiente para dejar pasar un hilo grueso o una cuerda de guitarra muy fina. Esos cristales son rojos o blancos grisáceos, y los indígenas los buscan para hacerse collares con ellos. Aunque actualmente no se conoce cuerpo alguno cristalizado que tome esa forma, he referido esos hechos por si pudieran hacer que cualquier futuro explorador buscara la verdadera naturaleza de esas piedras.