Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Nada más curioso de observar que la conducta de los salvajes hacia Jemmy Button cuando desembarcamos. En seguida notaron la diferencia que habÃa entre él y nosotros, lo que dio lugar a una conversación muy animada entre ellos. Después, el anciano dirigió un largo discurso a Jemmy; al parecer le requerÃa a permanecer allÃ. Pero Jemmy comprendió muy poco su lengua; y además parecÃa estar avergonzado de sus compatriotas. Cuando York Minster vino a tierra, también se fijaron inmediatamente en él y le dijeron que debÃa afeitarse; sin embargo, apenas si tenÃa veinte pelos microscópicos en el rostro, en tanto que todos nosotros llevábamos barba cerrada. Examinaron el color de su piel y la compararon con la nuestra. Uno de nosotros les mostró su brazo desnudo y se extasiaron con su blancura, lanzando exactamente las mismas exclamaciones de sorpresa y haciendo absolutamente los mismos gestos que habÃa hecho ante mà un orangután en los Zoological Gardens. Por lo que pudimos saber, esos salvajes habÃan tomado por mujeres nuestras a dos o tres oficiales algo más pequeños y un poco más rubios que los otros, aunque también ostentaban barbas magnÃficas. Uno de los fueguinos, muy alto, estaba orgulloso de que se admirara su talla. Cuando se le situó espalda contra espalda junto al más alto de nuestros marineros, trató de ponerse en un terreno más elevado o de alzarse sobre la punta de los pies. AbrÃa la boca para enseñarnos sus dientes, se volvÃa para que se le pudiera contemplar de perfil, y hacia todo esto con tal aire de satisfacción de sà mismo, que seguramente se creÃa el hombre más feliz de Tierra del Fuego. Nuestro primer sentimiento de asombro dio motivo a la diversión que nos procuraron aquellos salvajes, por la expresión de sorpresa que a cada instante se veÃa pintada en sus facciones y por la mÃmica a que se dedicaban constantemente.