Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Me siento dichoso al volver a encontrarme con míster Richard Corfield, que vive actualmente en Valparaíso y fue uno de mis antiguos camaradas de pensión. Gracias a su cortesía y a su cordial hospitalidad, mi estancia en Chile durante todo el tiempo que allí estuvo el Beagle fue un verdadero encanto. Los inmediatos alrededores de Valparaíso ofrecen poco interés al naturalista. Durante el largo estío, el viento sopla regularmente del sur y un poco terral, de tal forma que no llueve jamás; durante los tres meses de invierno, al contrario, las lluvias son bastante abundantes. Esas largas sequías tienen una gran influencia sobre la vegetación, que es muy escasa; no hay árboles sino en los valles profundos, y en las partes más escarpadas de las colinas no se ven sino unos pobres matorrales y algunas hierbas. Cuando se piensa que solamente a 350 millas (563 kilómetros) más al sur toda esa parte de los Andes queda oculta por una impenetrable selva, no puede menos de sentirse un profundo asombro. Doy largos paseos por los alrededores de la ciudad, a la búsqueda de objetos interesantes desde el punto de vista de la historia natural. ¡Qué admirable país para recorrerlo a pie! ¡Qué espléndidas flores! Como en todos los países secos, hasta los zarzales son particularmente olorosos; nada más que de atravesarlos queda el traje perfumado. Yo no cesaba de extasiarme cada día viendo que hacía mejor tiempo que la víspera. ¡Qué inmensa diferencia aporta un hermoso clima a la felicidad de la vida! ¡Cuán contrarias son las sensaciones que se experimentan a la vista de una cadena de montañas negras medio envueltas de nubes y viendo otra cadena sumida en la pura atmósfera de un bello día! El primer espectáculo, durante algún tiempo, puede pareceros grandioso y sublime; el segundo os encanta y despierta en vosotros impresiones llenas de alegría y de dicha.