Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo (17 de agosto)
Escalamos los inmensos bloques de arenisca que coronan la cima de la montaña. Como sucede con frecuencia, esos peñascos están hendidos y rotos en fragmentos angulosos considerables. Observo, sin embargo, una circunstancia muy notable: que las superficies de fractura presentan todos los grados de frescura; se hubiera dicho que algunos de los bloques se habían roto la víspera; otros, por el contrario, mostraban líquenes aun tiernos y en otros crecían musgos muy antiguos. Me hallaba tan completamente convencido de que tales fracturas provenían de numerosos terremotos que, a mi pesar, me alejaba de todos aquellos bloques que no me parecían lo bastante sólidos. Por lo demás, es fácil equivocarse respecto a un hecho de tal naturaleza y no me convencí de mi error hasta después de haber efectuado la ascensión al monte Wellington, en la Tierra de Van-Diemen, donde jamás ha habido terremotos. Los bloques que forman la cima de esta última montaña están asimismo divididos en pedazos; pero, en tal lugar, se diría que las fracturas se han producido hace millares de años.
