Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Llegamos a eso del mediodía a uno de los puentes colgantes hechos con pieles, puentes que atraviesan el río Maipú, de caudalosa corriente rápida, que discurre a algunas leguas al sur de Santiago. ¡Triste cosa son esos puentes! El tablero o piso, que se presta a todos los movimientos de las cuerdas que lo sostienen, consiste en trozos de maderas colocados unos al lado de los otros; a cada instante se encuentran boquetes y con el peso de un hombre que conduzca su caballo por la brida, todo el puente oscila de un modo terrible. Al atardecer llegamos a una hacienda muy confortable y nos encontramos en presencia de muchas y muy lindas señoritas. Movido por simple curiosidad, entro en una de sus iglesias, lo cual las escandaliza mucho. Después me preguntan: "¿Por qué no se hace usted cristiano, ya que nuestra religión es la única verdadera?" Les afirmo que también soy cristiano, aunque no lo sea de igual manera que ellas, pero no quieren creerme. "Vuestros sacerdotes, hasta vuestros obispos, ¿no es cierto que se casan?", añaden. ¡Casarse un obispo! Esto es lo que les choca más y no saben si reír o escandalizarse de tal enormidad.
(6 de septiembre)