Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Hablando con el cura pasé una agradable velada. Es un excelente hombre, muy hospitalario; procede de Santiago y ha logrado rodearse de algunas comodidades. Ha recibido cierta educación y lo que más le apena es la falta absoluta de sociedad. ¡Qué triste cosa debe de ser la vida de ese hombre que no tiene gran celo religioso, ni ocupación ni objetivo en su vida! Al dÃa siguiente, al regresar a Valdivia, encontramos siete indios muy salvajes; algunos de ellos son caciques que vuelven de recibir del Gobierno chileno el salario anual, recompensa a su fidelidad. Son hombres arrogantes, pero ¡qué caras más sombrÃas las suyas! Van uno tras otro; un anciano cacique abre la marcha y me parece el más afecto a la bebida de todos a juzgar por su excesiva gravedad y su rostro inyectado de sangre. Poco antes, dos indios se nos habÃan juntado; venÃan de muy lejos y se dirigÃan a Valdivia a causa de un proceso. Uno de ellos es muy vejo y muy jovial; pero al ver su cara por completo arrugada y enteramente desprovista de pelo, se le tomarÃa más bien por una mujer que por un hombre. A menudo les doy cigarros; los reciben con placer, pero apenas si se dignan agradecérmelos. Un indio de Chiloé, al contrario, se habrÃa quitado el sombrero y habrÃa repetido su eterno "¡Dios se lo pague!" Nuestro viaje se hace muy fastidioso, a causa del mal estado de los caminos y de los numerosos troncos de árboles que los interceptan y por encima de los cuales hay que saltar a no ser que se prefiera rodearlos. Hacemos noche en el camino; y a la mañana siguiente llegamos a Valdivia y vuelvo a mi navÃo.