Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo En muchos campos de nieve encuentro el Protococcus nivalis, o nieve roja, que tan bien nos la han hecho conocer los relatos de los viajeros árticos. Las huellas de los pasos de nuestras mulas, de color rojo pálido, como si su casco estuviera impregnado de sangre, atraen mi atención. Al principio supongo que ese color rojo proviene del polvo de las montañas circundantes, que están compuestas de pórfido rojo, porque el efecto amplificador de los cristales de la nieve hace parecer esos grupos de plantas microscópicas como otras tantas partículas groseras. La nieve no presenta el matiz rojo sino en los lugares en que se ha disuelto con rapidez y allí donde ha sido comprimida accidentalmente. Un poco de esa nieve, frotada en un papel, da a éste un ligero matiz rosado, mezclado con un poco de óxido de hierro. Quito en seguida lo que hay en el papel, y encuentro grupos de esferitas con envolturas incoloras, cada una de las cuales tiene una milésima de pulgada de diámetro.