Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Poco más o menos a la mitad del camino encontramos una tropa de arrieros que conducen setenta mulas cargadas. Es muy divertido oÃr los gritos estentóreos de los conductores y observar la larga fila de los animales, que parecen muy pequeños, porque no tenemos más que inmensas montañas como término de comparación. Cerca de la cumbre, el viento, como de ordinario, es frÃo e impetuoso. Atravesamos algunos campos considerables de nieves perpetuas, que pronto van a encontrarse recubiertas por nuevas capas. Cuando alcanzamos la cumbre y miramos hacia atrás, se nos ofrece una vista gloriosa. La atmósfera lÃmpida, el cielo azul oscuro, los profundos valles, los picos desnudos de formas extrañas, las ruinas amontonadas durante tantos siglos, los peñascos de brillantes colores, que contrastan tan vivamente con la blancura de la nieve, todo lo que me rodea, constituye una escena indescriptible. Ni plantas ni aves, salvo algunos cóndores, cerniéndose por encima de los más elevados picos, distraen mi atención de las masas inanimadas. Me siento dichoso de hallarme solo; experimento todo cuanto se experimenta cuando se presencia una terrible tempestad o se oye un coro del MesÃas ejecutado por una gran orquesta.