Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo El disco del Sol naciente, cortado por un horizonte tan llano como puede ser el del agua del océano, me recuerda las Pampas de Buenos Aires. Durante la noche cae abundante rocío, hecho que no hemos observado en la Cordillera. El camino atraviesa primero un país bajo y pantanoso y se dirige directamente hacia el este; después, así que se llega a la llanura seca, el camino tuerce hacia el norte en dirección a Mendoza. Tenemos por delante dos largos días de marcha. La primera etapa es de 14 leguas, hasta Estacado; la segunda, de 17 leguas, hasta Luján, cerca de Mendoza. Durante toda esa distancia se atraviesa una llanura desierta, donde no hay casi más que dos o tres casas; el Sol quema y el camino no ofrece ningún interés. En esa travesía⁽¹⁴⁶⁾ hay muy poca agua, y durante nuestro segundo día de viaje sólo hallamos un pequeño estanque. Fluye poca agua de las montañas y la que proviene de ellas es inmediatamente absorbida por ese suelo seco y poroso, tanto que, aun cuando nos hallemos tan sólo a 10 o 15 millas de la estribación exterior de la Cordillera, no se atraviesa ni un solo arroyo. En muchos lugares, el terreno está cubierto de eflorescencias salinas, y vuelvo a encontrar plantas que surgen en medio de la sal, muy comunes en los alrededores de Bahía Blanca. El país conserva el mismo carácter desde el estrecho de Magallanes, a lo largo de la costa oriental de la Patagonia, hasta el río Colorado; después parece que, a partir de este río, las mismas llanuras se extienden por el interior hasta San Luis, y quizá más lejos aún, hacia el norte. Al este de esa línea curva se encuentra la cuenca de las llanuras comparativamente húmedas y verdes de Buenos Aires. Las llanuras estériles de la Patagonia y Mendoza consisten en una capa de guijarros pulimentados y acumulados por las olas del mar, mientras que las pampas cubiertas de cardos, de trébol y de hierba han sido formadas por el lodo del antiguo estuario del Plata.