Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo El camino de la costa no ofrece ningún interés, por lo que nos dirigimos hacia el interior, hacia el valle y región minera de Illapel. Este valle, como todos los de Chile, es llano, ancho y muy fértil; está bordeado a cada lado, ya sea por acantilados de cantos estratificados, ya por montañas rocosas. Por debajo de la línea del primer foso de irrigación, todo es pardo y seco como en una carretera; por encima, todo ofrece un verde tan brillante como el cardenillo, a causa de los campos de alfalfa. Nos dirigimos a Los Hornos, otro distrito minero, donde la colina principal está perforada con agujeros como un gran hormiguero. Los mineros chilenos tienen costumbres muy originales. Viviendo como viven durante semanas enteras en los lugares más solitarios, cuando descienden a las aldeas en los días festivos, no hay exceso ni extravagancia que no cometan. A menudo han ganado una suma considerable, y entonces, como los marinos con su parte de botín, parecen ingeniárselas para derrocharla. Beben en exceso, adquieren ropas en grandes cantidades y, al cabo de pocos días, vuelven sin un centavo a sus misérrimas chozas, para trabajar más rudamente que bestias de carga. Esa indiferencia, tan grande como la de los marinos, proviene de un género de vida casi análogo al de éstos. Se les provee de alimentos cada día, y por eso no son previsores; además, se pone al mismo tiempo en su poder la tentación y los medios para ceder a ésta. Al contrario, en Cornualles y en otras partes de Inglaterra, donde han adoptado el sistema de venderles una parte de la veta, los mineros, obligados a actuar y a reflexionar, son hombres muy inteligentes y cuya conducta es excelente.