Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Durante la velada, mientras el capitán Fitz-Roy y yo comÃamos en casa de mÃster Edwards, un inglés de cuya hospitalidad se acuerdan todos los que han visitado Coquimbo, la tierra empieza a agitarse con violencia. Oigo el ruido subterráneo que precede a la sacudida; pero los gritos de las señoras, el azoramiento de los criados y la huida precipitada de muchas personas hacia la puerta me impidieron distinguir la dirección de la sacudida. Las damas continúan gritando de terror durante mucho tiempo, y uno de los invitados dice que no podrá cerrar los ojos en toda la noche o que tendrá pesadillas horribles. El padre de ese hombre acababa de perder en el terremoto de Talcahuano todo cuanto poseÃa; él mismo estuvo a punto de perecer aplastado bajo el techo de su casa, en ValparaÃso, en 1822. A tal respecto refiere la anécdota siguiente; estaba jugando a las cartas, cuando un alemán, uno de sus huéspedes, se levantó diciendo que no consentirÃa jamás, en tales paÃses, en permanecer en una habitación con la puerta cerrada, porque habÃa estado a punto de ser muerto en Copiapó por esa circunstancia. Se dirigió, pues, hacia la puerta para abrirla; y apenas la hubo abierto, gritó: "¡Un terremoto!" Era la famosa sacudida, que empezaba. Todos los contertulios lograron escapar. No es el tiempo material necesario para abrir una puerta lo que puede hacer correr un peligro durante un terremoto, pues lo que hay que temer es que los movimientos de las paredes con la consiguiente caÃda de escombros impidan abrirla.