Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Las antiguas capas terciarias que forman la base de esas otras capas más recientes, en Coquimbo, parecen pertenecer al mismo período, poco más o menos como muchos depósitos en la costa de Chile –el de Navidad es el más importante– y en la gran formación de Patagonia. Las conchas presentes en las capas de Navidad y la Patagonia, conchas de las que el profesor E. Forbes ha dado una lista, han vivido en el lugar donde ahora están sepultadas, lo que constituye la prueba de que se produjo un hundimiento de muchos centenares de pies y un alzamiento posterior. En ninguna de las costas del continente existe un depósito fosilífero importante de la época actual, como tampoco de las épocas intermedias entre ésta y el Terciario; naturalmente, se preguntará, pues, cómo fue posible que materiales sedimentarios conteniendo restos fósiles se hayan depositado durante esa antigua época terciaria y se hayan conservado en diferentes puntos en un espacio de 1.100 millas (1.770 kilómetros) en las costas del Pacífico y de 1.350 millas (2.170 kilómetros) en las del Atlántico, en dirección norte a sur y en un espacio de 700 millas (1.125 kilómetros) a través de la parte más ancha del continente, en dirección este a oeste. Creo que es fácil de dar la explicación de este hecho y que esta explicación puede aplicarse a hechos casi análogos observados en otras partes del mundo. Si se considera la inmensa fuerza de denudación que posee el mar, fuerza que proviene de innumerables hechos, se convendrá en que es poco probable que un depósito sedimentario pueda resistir en el momento que se levanta ,la acción de las olas de la costa de forma que se conserve en masas suficientes para durar un tiempo casi infinito, a menos que, en su origen, ese depósito hubiera tenido un espesor y una extensión considerables. Porque es imposible que un depósito de sedimento espeso y muy extendido se deposite sobre un fondo moderadamente profundo, único favorable al desarrollo de la mayoría de los seres vivientes, sin que ese fondo descienda para recibir las capas sucesivas. Eso es lo que parece haber sucedido poco más o menos en la misma época en la Patagonia meridional y en Chile, aunque separadas por más de un millar de kilómetros. Por consiguiente, si movimientos prolongados de hundimiento en épocas poco más o menos idénticas se hacen sentir de ordinario sobre superficies considerables, cosa que estoy dispuesto a creer luego de haber estudiado los arrecifes coralíferos de los grandes océanos; o si, para no ocuparnos más que de América meridional, los movimientos de hundimiento tuvieron la misma extensión superficial que los de levantamiento, que después del período de las conchas existentes han traído la elevación de las costas del Perú, Chile, Tierra del Fuego, la Patagonia y el Plata, es fácil comprender que en igual época, en lugares muy distantes unos de otros, las circunstancias han sido favorables a la formación de depósitos fosilíferos, depósitos muy extendidos y muy espesos, y de naturaleza tal, por consiguiente, que pudieran resistir la acción de las olas de la costa y durar hasta nuestra época.