Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo De madrugada parto para ir a visitar los salitrales que se hallan situados a una distancia de 14 leguas. Se empieza por efectuar la ascensión de las montañas de la costa siguiendo un sendero arenoso que describe numerosas vueltas; pronto se ven en lontananza Guantajaya y Santa Rosa. Estas dos aldehuelas se hallan situadas a la misma entrada de las minas; encaramadas como están en la cumbre de una colina, ofrecen un aspecto aun menos natural y más desolado que la ciudad de Iquique. No llegamos a las minas sino después de puesto el Sol; habíamos viajado todo el día por un país ondulado completamente desierto. A cada instante se encuentran en el camino las osamentas desecadas de las numerosas bestias de carga que perecieron de fatiga. Excepto el Vultur aura, no he visto ni ave, ni cuadrúpedo, ni reptil, ni insecto; en las montañas de la costa, a la altura de 2.000 pies, allí donde las nubes, durante esta época descansan siempre, se encuentran algunos cactos en los huecos de las rocas y algunos musgos en la arena que recubre los peñascos. Esos musgos pertenecen al género Cladonia y se parecen algo al liquen del rengífero (liquen ralo). En algunas partes se encuentra esta planta en cantidad suficiente, para que el suelo visto desde cierta distancia presente un matiz amarillo pálido. Más al interior, durante esa larga etapa de 14 leguas, no he hallado más que otro vegetal, un liquen amarillo pequeñísimo, que crecía cerca de las osamentas de las mulas. Es este ciertamente el primer desierto verdadero que he visto; ese espectáculo, sin embargo, no me produjo mucho efecto; atribuyo esto a que, durante mi viaje de Valparaíso a Coquimbo y de allí a Copiapó, me acostumbré gradualmente a escenas análogas. Desde cierto punto de vista, el aspecto del país es notable; está recubierto, en efecto, por una costra espesa de sal común y por capas estratificadas de aluviones salinos que parece se han ido depositando a medida que la tierra se elevaba gradualmente sobre el nivel del mar. La sal es blanca, muy dura y compacta; se presenta en forma de masas desgastadas por el agua y mezcladas con abundante yeso. En resumen, toda esa masa superficial ofrece un aspecto análogo al de una llanura donde ha caído nieve, antes de que los últimos copos se hayan disuelto. La existencia de esa costra de substancias solubles recubriendo un país entero prueba que la sequía debe de ser pertinaz y extremada desde hace muchísimo tiempo.