Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo A la tortuga le gusta mucho el agua, y la bebe en cantidades considerables, yendo también adonde hay lodo para encenagarse. Las islas algo grandes son las únicas que poseen fuentes, que siempre están situadas en la parte central y a una altitud considerable. Las tortugas que viven en las regiones bajas se ven, pues, obligadas cuando tienen sed a efectuar largos recorridos. A fuerza de pasar por el mismo camino, han trazado verdaderas sendas que irradian en todas direcciones desde las fuentes a la costa; siguiendo esas sendas fue como los españoles pudieron descubrir las fuentes. Cuando desembarqué en la isla Chatham me pregunté con asombro cuál era el animal que seguía tan metódicamente los senderos trazados en la dirección más corta. Es muy curioso ver junto a las fuentes un gran número de esos enormes seres, dirigiéndose los unos rápidamente hacia el agua, con el cuello tendido, yéndose otros con toda tranquilidad, ya extinguida su sed. Cuando la tortuga llega a la fuente, se preocupa poco de que la miren o no; sumerge la cabeza en el agua y traga con rapidez inmensas bocanadas, unas diez por minuto. Los habitantes de las islas aseguran que cada tortuga permanece tres o cuatro días en los alrededores de la fuente, y después regresa tranquilamente a los lugares más bajos del país; pero es muy difícil saber si renueva con frecuencia sus visitas. El animal se rige probablemente según la naturaleza de los alimentos que come cada día. Sea como sea, es cierto que las tortugas pueden vivir incluso en las islas donde no hay otra agua que la que cae durante los pocos días lluviosos del año.