Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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Cuando las tortugas se dirigen hacia un punto determinado, andan noche y día y llegan al fin de su viaje mucho antes de lo que pudiera creerse. Los habitantes de las islas han observado tortugas que habían marcado, y así han podido averiguar que recorren unas ocho millas en dos o tres días. Yo mismo he vigilado una gran tortuga; recorría 60 metros en diez minutos, es decir, 360 m. por hora o unos 6,5 kilómetros por día, teniendo en cuenta algún tiempo necesario para que la tortuga comiera por el camino. Durante la época del celo, cuando el macho y la hembra están reunidos, el macho deja oír un grito ronco, especie de mugido que, según dicen, puede oírse hasta la distancia de más de 100 metros. La hembra jamás hace uso de su voz y el macho únicamente en la época que acabo de indicar; así, cuando se oye ese grito, se sabe que macho y hembra están apareados. En la época de mi visita (octubre) las hembras ponían; depositan sus huevos en grupos y cuando el suelo es arenoso, los recubren de arena; pero cuando es peñascoso, los ponen en los agujeros o grietas que pueden encontrar; Mr. Bynoe ha encontrado siete en una sola grieta. El huevo es blanco y esférico; medí uno que tenía siete pulgadas y tres octavos de circunferencia, y que era, por consiguiente, bastante mayor que un huevo de gallina. Los cernícalos dan una caza encarnizada a las jóvenes tortugas cuando salen del huevo. Las tortugas viejas parece que no mueren jamás sino por accidente, cayéndose, por ejemplo, de lo alto de un precipicio; por lo menos los habitantes de las islas me han afirmado que ellos nunca han visto morir una tortuga de muerte natural. Ellos creen que esos animales son completamente sordos; lo cierto es que no oyen a una persona que ande detrás y muy cerca de ellas. Nada tan divertido como adelantar a uno de esos enormes monstruos que camina tranquilamente; así que os percibe, silba con fuerza, esconde sus patas y su cabeza bajo el caparazón y se deja caer pesadamente al suelo como si estuviera herida de muerte. A menudo me subía a su espalda; si estando subido a ella se golpea en la parte posterior de la concha, la tortuga se levanta y avanza; pero es muy difícil sostenerse entonces de pie encima de ella.


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