Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Casi todos los tahitianos saben algo de inglés, esto es, conocen los nombres de las cosas más usuales, y con eso y algunos gestos basta para poder conversar con ellos. Al regresar a bordo por la tarde, nos detenemos para contemplar una deliciosa escena; muchos niños jugaban en la plaza a la luz de numerosas hogueras que iluminaban los árboles y se reflejaban en el agua, mientras otros niños, agarrados de las manos, cantaban canciones del país. Con el fin de presenciar aquella sencilla fiesta, nos sentamos en la arena y nos fue posible comprender que las canciones, improvisadas, se referían a nuestra llegada. Una niña cantaba una frase y los demás la repetían a coro. Esta sola escena hubiera bastado para convencernos de que nos hallábamos en una isla situada en el célebre mar del Sur.
(17 de noviembre)
