Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Por la tarde nos encontramos con una veintena de indÃgenas, cada uno de ellos, según la costumbre, lleva un haz de jabalinas y otras armas. Doy un chelÃn a un hombre joven que parece mandarlos; se detienen y lanzan sus jabalinas para demostrar su destreza. Llevan algo de ropa, y la mayorÃa saben algunas palabras de inglés. Su rostro respira buen humor; sus facciones no son desagradables y parecen mucho menos degradados de lo que yo suponÃa. Saben servirse de sus armas admirablemente. Colocada una gorra a 30 metros de distancia, la atraviesan con una de sus lanzas, que arrojan mediante un bastón de tiro; se dirÃa qué se trata de una flecha arrojada por el más experimentado arquero. Cuando se trata de perseguir al hombre o a los animales, dan pruebas de la mayor sagacidad; he oÃdo muchas veces hacerse observaciones entre ellos que probaban la mayor agudeza. Pero nada puede decidirles a que cultiven el suelo, a que construyan casas y a que se establezcan en un lugar fijo, cualquiera que sea éste; no quieren ni siquiera tomarse el trabajo de cuidar los ganados que se les dan. En suma, me parecen algo por encima de los fueguinos en la escala de la civilización.
Nativo de Australia