Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Una de mis excursiones me condujo hacia la extremidad sudoeste de la isla. Hacía muy buen tiempo y mucho calor, y entonces vi la isla no en toda su belleza, sino en toda su desnudez y en toda su fealdad. Las coladas de lava son rugosas, a tal punto que es difícil de explicarlo geológicamente. Los espacios que las separan desaparecen debajo de capas de piedra pómez, de cenizas y de tobas volcánicas. A nuestra llegada, y mientras que desde el mar veíamos esa parte de la isla, no podía darme cuenta de lo que eran las manchas blancas que veía por todos lados; luego tuve la explicación de tal hecho: son aves marinas que duermen tan llenas de confianza, que un hombre puede pasearse por en medio de ellas en pleno día y cazar cuantas quiera. Esas aves son las únicas criaturas vivientes que pude ver en toda la jornada. A orillas del mar, aunque el viento era muy débil, las olas rompían furiosas contra las lavas.