Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo En efecto, es evidente que al principio se sufren pérdidas numerosas: os veis separados de todos vuestros amigos; se desatan los lazos que os unen a tantos y tan caros recuerdos. La esperanza del retorno os sostiene, es verdad, en cierta medida; porque si, como dicen los poetas, la vida es sueño, estoy cierto de que las visiones del viaje son las que, de todas, ayudan a que pase con mayor rapidez una larga noche. Otras privaciones, que de momento no se experimentan, dejan pronto un gran vacío en torno vuestro; ya sea la falta de una habitación propia, donde poder descansar y recogerse; la sensación de una prisa perpetua; la privación de pequeñas comodidades, la ausencia de la familia, la carencia absoluta de la música y otros placeres que distraen la imaginación. Inútil es decir que al hablar de cosas tan insignificantes supongo que se está habituado ya a las reales molestias de la vida del marino y que no se teme ya nada, a excepción de los accidentes que son propios de la navegación. Verdad es que durante estos sesenta últimos años los viajes lejanos se han hecho mucho más fáciles. En la época de Cook, un hombre que abandonaba su hogar para emprender semejantes expediciones se exponía a las más duras privaciones. Además de los progresos efectuados en la construcción de los navíos, del aumento en los recursos navales, todas las costas orientales de América son bien conocidas, y Australia es ya un país civilizado. ¡Qué diferencia entre un naufragio en el Pacífico hoy y en la época de Cook! Desde los viajes de este último, un hemisferio entero ha entrado en la vía de la civilización.