Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo (31 de agosto)
El 31 de agosto anclamos por segunda vez en Porto Praya, en el archipiélago de Cabo Verde; desde allí nos dirigimos a las Azores, donde permanecemos seis días. El 2 de octubre saludamos las costas de Inglaterra, y en Falmouth abandono el Beagle, después de haber pasado cerca de cinco años a bordo de ese encantador y pequeño navío.
Nuestro viaje ha terminado; ya no me resta más que echar una rápida ojeada a las ventajas y desventajas, a las fatigas y satisfacciones de nuestra navegación alrededor del mundo. Si se me pidiera parecer antes de emprender un largo viaje, mi respuesta dependería por entero del gusto que tuviera el viajero por tal o cual ciencia, y de las ventajas que él pudiese encontrar desde el punto de vista de sus estudios. Sin duda se experimenta una viva satisfacción al contemplar países tan diversos, al pasar revista, por decirlo así, a las diferentes razas humanas, pero esta satisfacción está lejos de compensar las fatigas. Es preciso, pues, que se tenga un fin, que ese fin sea completar un estudio, descubrir una verdad; que ese fin, en una palabra, sostenga y dé alientos al viajero.