Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Durante mi estancia en Maldonado, mi colección se enriqueció con muchos cuadrúpedos, con veinticuatro especies de pájaros y con numerosos reptiles, comprendiendo en éstos nueve especies de culebras. El único mamífero indígena que se encuentra aún, muy común por lo demás, es el Cervus campestris. Este ciervo abunda, reunido a menudo en pequeños rebaños, en todas las regiones que bordean el Plata y en la Patagonia septentrional. Si uno se arrastra por el suelo para acercarse a un rebaño, estos animales, impulsados por la curiosidad, se adelantan a menudo hacia el que se arrastra; yo, empleando esta estratagema, he podido dar muerte, en el mismo sitio, a tres ciervos pertenecientes al mismo rebaño. Pero aunque sea tan manso y tan curioso, se vuelve excesivamente desconfiado así que os ve a caballo; nadie, en efecto, va a pie en este país, y el ciervo no ve un enemigo en el hombre más que cuando éste va a caballo y armado de boleadoras. En Bahía Blanca, establecimiento reciente en la Patagonia septentrional, quedé muy sorprendido al ver cuán poco se inquieta un ciervo por la detonación de un arma de fuego. Un día, disparé diez tiros de fusil a un ciervo a una distancia de 80 metros; pero él pareció sorprenderse mucho más por el ruido que hacía la bala al penetrar en el suelo que por la detonación de mi fusil. Yo no tenía más pólvora y me vi obligado a ponerme en pie (lo confieso en vergüenza mía como cazador, aunque mato fácilmente un pájaro al vuelo), y hube de gritar muy fuerte para que el ciervo se dignara alejarse.
