Nunca terminar
Nunca terminar El problema con la mediocridad es que es cómoda. No duele, no exige sacrificios, no obliga a enfrentar el miedo o el fracaso. Pero tampoco permite descubrir lo que realmente se esconde dentro de uno. Solo aquellos que están dispuestos a vivir en un estado de incomodidad permanente logran romper con esta trampa.
Cada acción cuenta. No hay momentos insignificantes, no hay días de descanso en esta guerra. Si se cede una vez, se cederá otra. Si se permite una excusa, vendrán más. La única forma de vencer la mediocridad es negarse a aceptar menos de lo que se es capaz de lograr, no solo en los momentos de inspiración, sino cuando todo dentro de uno quiere rendirse.
La diferencia entre los que destacan y los que se quedan atrás no es la suerte ni las oportunidades. Es la capacidad de reconocer la mediocridad y declararle la guerra cada día. Es una lucha sin fin, porque el enemigo siempre buscará una nueva forma de infiltrarse. Pero quien permanece vigilante, quien nunca baja la guardia, se convierte en alguien que no solo evita la mediocridad, sino que la destruye con cada acción.