Los empeños de una casa
Los empeños de una casa HERNANDO
Bien has dicho, y me parece
buen modo de constreñirlo
el no entregarle a su hermana
hasta que él haya cumplido790
con lo que te prometió.
DON RODRIGO
Pues yo entro. —Venid conmigo,
señora, y nada temáis
de riesgo, que yo me obligo
a sacaros bien de todo.795
DOÑA LEONOR
(Aparte.)
A casa de mi enemigo
me vuelve a meter mi padre;
y ya es preciso seguirlo,
pues descubrirme no puedo.
DON RODRIGO
Pero allí a don Pedro miro.800
—Vos, señora, con Hernando
os quedad en este sitio,
mientras hablo a vuestro hermano.
DOÑA LEONOR
(Aparte.)
¡Cielos, vuestro influjo impío
mudad, o dadme la muerte,805
pues me será más benigno