Los empeños de una casa

Los empeños de una casa

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Con lo cual, conocerse no podía

cuál festejo era amor, cuál cortesía;

en que no sé si tú culpado has sido,

pues festejarla tanto has permitido,670

sin advertir que, aunque era recatada,

es fuerte la ocasión y el verse amada,

y que es fácil que, amante e importuno,

entre los otros le agradase alguno.

DON RODRIGO

Hernando, no me apures la paciencia675

que aquéste ya no es tiempo de advertencia.

¡Oh fiera! ¿Quién diría

de aquella mesurada hipocresía,

de aquel punto y recato que mostraba,

que liviandad tan grande se encerraba680

en su pecho alevoso?

¡Oh mujeres! ¡Oh monstruo venenoso!

¿Quién en vosotras fía,

si con igual locura y osadía,

con la misma medida685

se pierde la ignorante y la entendida?

Pensaba yo, hija vil, que tu belleza,

por la incomodidad de mi pobreza,

con tu ingenio sería

lo que más alto dote te daría;690

y ahora, en lo que has hecho,

conozco que es más daño que provecho;


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