Los empeños de una casa
Los empeños de una casa que todo enamorado es temeroso,
y nunca juzga que será el dichoso;
y aunque usando tal medio
le alabo yo el temor y no el remedio,720
sin duda por quitar la contingencia
se quiso asegurar con él ausencia.
Y así, señor, si tomas mi consejo
—tú estás cansado y viejo,
don Pedro es mozo, rico y alentado,725
y sobre todo, el mal ya está causado—,
pórtate con él cuerdo, cual conviene,
y ofrécele lo mismo que él se tiene:
dile que vuelva a casa a Leonor bella
y luego al punto cásale con ella,730
y él vendrá en ello, pues no habrá quien huya
lo que ha de resultar en honra suya;
y con lo que te ordeno,
vendrás a hacer antídoto el veneno.
DON RODRIGO
¡Oh Hernando! ¡Qué tesoro es tan preciado735
un fiel amigo, o un leal criado!
Buscar a mi ofensor aprisa elijo
por convertirle de enemigo en hijo.
HERNANDO
Sí, señor, que el remedio es bien se aplique
antes que el mal que pasa se publique.740
(Vanse.)