Los empeños de una casa
Los empeños de una casa Si obediente a tus preceptos,
de tus rayos salamandra,
girasol de tu semblante,825
Clicie de tus luces claras,
dejé, sólo por servirte,
el regalo de mi casa,
el respeto de mi padre
y el cariño de mi patria;830
si tú, si no de amorosa,
de atenta y de cortesana,
diste con tácito agrado
a entender lo que bastaba
para que supiese yo835
que era ofrenda mi esperanza
admitida en el sagrado
sacrificio de tus aras,
¿cómo ahora tan esquiva
con tanto rigor me tratas?840
DOÑA ANA
(Aparte.)
¿Qué es esto que escucho, cielos?
¿No es éste don Juan de Vargas,
que mi ingratitud condena
y sus finezas ensalza?
¿Pues quién aquí le ha traído?845
DON CARLOS
Señora, escucha.