Los empeños de una casa
Los empeños de una casa ampararme prometió,
y en esta cuadra me entró
y me dijo que era hermana
de don Pedro de Arellano,45
y que aquí oculto estaría,
porque si acaso venía
no me encontrara su hermano;
y con tanta bizarría
me hizo una y otra promesa,50
que con ser tal su belleza
es mayor su cortesía
y discreta y lisonjera,
alabándome, añadió
cosas que, a ser vano yo,55
a otro afecto atribuyera.
Pero son quimeras vanas
de jóvenes altiveces;
que en mirándolas corteses
luego las juzgan livianas;60
y sus malicias erradas
en su mismo mal contentas,
si no las ven desatentas,
no las tienen por honradas;
y a un pensar tan desigual65
y aun no indigno del desdén,
nunca ellas obran más bien
que cuando las tratan mal,