La Celestina
La Celestina SEMPRONIO.- ¿Créeslo tú, Pármeno? Bien sé
que no lo jurarías. Acuérdate, si fueres por con-
serua, apañes vn bote para aquella gentezilla,
[23] que nos va más e a buen entendedor... En
la bragueta cabrá.
CALISTO.- ¿Qué dizes, Sempronio?
SEMPRONIO.- Dixe, señor, a Pármeno que
fuesse por vna tajada de diacitrón.
PÁRMENO.- Héla aquí, señor.
CALISTO.- Daca.
SEMPRONIO.- Verás qué engullir haze el
diablo. Entero lo quería tragar por más apriesa
hazer.
CALISTO.- El alma me ha tornado. Quedaos
con Dios, hijos. Esperad la vieja e yd por bue-
nas albricias.
PÁRMENO.- ¡Allá yrás con el diablo, tú e ma-
los años!, ¡e en tal hora comiesses el diacitrón,
como Apuleyo el veneno, que le conuertió en
asno!
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