La Celestina
La Celestina querrán ser assí vistas.
SEMPRONIO.- Entra, no cures, que todos
somos de casa. Ya ponen la mesa.
CELESTINA.- ¡O mis enamorados, mis perlas
de oro! ¡Tal me venga el año, qual me parece
vuestra venida!
PÁRMENO.- ¡Qué palabras tiene la noble!
Bien ves, hermano, estos halagos fengidos.
SEMPRONIO.- Déxala, que deso viue. Que
no sé quién diablos le mostró tanta ruyndad.
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PÁRMENO.- La necessidad e pobreza, la
hambre. Que no ay mejor maestra en el mundo,
no ay mejor despertadora e aviuadora de inge-
nios. ¿Quién mostró a las picaças e papagayos
ymitar nuestra propia habla con sus harpadas
lenguas, nuestro órgano e boz, sino ésta?
CELESTINA.- ¡Mochachas!, ¡mochachas!,
¡bouas! Andad acá baxo, presto, que están aquí
dos hombres, que me quieren forçar.
ELICIA.- ¡Mas nunca acá vinieran! ¡E mucho
combidar con tiempo! Que ha tres horas que
está aquí mi prima. Este perezoso de Sempro-
nio haurá sido causa de la tardança, que no ha
ojos por do verme.
SEMPRONIO.- Calla, mi señora, mi vida, mis
amores. Que quien a otro sirue, no es libre. Assí