La Celestina
La Celestina su madre, induziéndole a amor e concordia de
Sempronio.
PÁRMENO, CALISTO, MELIBEA, SEMPRO-
NIO, CELESTINA, ELICIA, CRITO.
CALISTO.- En esto veo, Melibea, la grandeza
de Dios. [32]
MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?
CALISTO.- En dar poder a natura que de tan
perfeta hermosura te dotasse e facer a mí inmé-
rito tanta merced que verte alcançasse e en tan
conueniente lugar, que mi secreto dolor mani-
festarte pudiesse. Sin dubda encomparable-
mente es mayor tal galardón, que el seruicio,
sacrificio, deuoción e obras pías, que por este
lugar alcançar tengo yo a Dios offrescido, ni
otro poder mi voluntad humana puede conplir.
¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de
ningún hombre, [33] como agora el mío? Por
cierto los gloriosos sanctos, que se deleytan en
la visión diuina, no gozan mas que yo agora en
el acatamiento tuyo. Más ¡o triste!, que en esto
diferimos: que ellos puramente se glorifican sin
temor de caer de tal bienauenturança e yo mis-
to me alegro con recelo del esquiuo tormento,
que tu absencia me ha de causar.
MELIBEA.- ¿Por grand premio tienes esto,
Calisto?