La Celestina

La Celestina

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CALISTO.- Téngolo por tanto en verdad que,

si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus

sanctos, no lo ternía por tanta felicidad.

MELIBEA.- Pues avn más ygual galardón te

daré yo, si perseueras.

CALISTO.- ¡O bienauenturadas orejas mías,

que indignamente tan gran palabra haueys oy-

do!

MELIBEA.- Mas desauenturadas de que me

acabes de oyr Porque la paga será tan fiera,

qual meresce tu loco atreuimiento. E el intento

de [34] tus palabras, Calisto, ha seydo de inge-

nio de tal hombre como tú, hauer de salir para

se perder en la virtud de tal muger como

yo.¡Vete!, ¡vete de ay, torpe! Que no puede mi

paciencia tollerar que aya subido en coraçón

humano comigo el ylícito amor comunicar su

deleyte.

CALISTO.- Yré como aquel contra quien so-

lamente la aduersa fortuna pone su estudio con

odio cruel.

CALISTO.- ¡Sempronio, Sempronio, Sempro-

nio! ¿Dónde está este maldito?

SEMPRONIO.- Aquí soy, señor, curando des-

tos cauallos. [35]

CALISTO.- Pues, ¿cómo sales de la sala?

SEMPRONIO.- Abatiose el girifalte e vínele a


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