La Celestina
La Celestina treze tres. [32]
SEMPRONIO.- Tía señora, a todos nos sabe
bien. ¡Comiendo e hablando! Porque después
no haurá tiempo para entender en los amores
deste perdido de nuestro amo e de aquella gra-
ciosa e gentil Melibea.
ELICIA.- ¡Apártateme allá, dessabrido, enojo-
so! ¡Mal prouecho te haga lo que comes!, tal
comida me has dado. Por mi alma, reuesar
quiero quanto tengo en el cuerpo, de asco de
oyrte llamar aquella gentil. ¡Mirad quién gentil!
¡Jesú, Jesú!, ¡e qué hastío e enojo es ver tu poca
vergüença! ¿A quién, gentil? ¡Mal me haga
Dios, si ella lo es ni tiene parte dello: sino que
ay ojos, que de lagaña se agradan. Santiguarme
quiero de tu necedad e poco conocimiento. ¡O
quién estouiesse de gana para disputar contigo
su hermosura e gentileza! ¿Gentil es Melibea?
Entonce lo es, entonce acertarán, quando [33]
andan a pares los diez mandamientos. Aquella
hermosura por vna moneda se compra de la
tienda. Por cierto, que conozco yo en la calle
donde ella viue quatro donzellas, en quien Dios
más repartió su gracia, que no en Melibea. Que
si algo tiene de hermosura, es por buenos
atauíos, que trae. Poneldos a vn palo, también