La Celestina
La Celestina direys que es gentil. Por mi vida, que no lo digo
por alabarme; mas creo que soy tan hermosa
como vuestra Melibea.
AREUSA.- Pues no la has tu visto como yo,
hermana mía. Dios me lo demande, si en ayu-
nas la topasses, si aquel día pudieses comer de
asco. Todo el año se está encerrada con mudas
de mill suziedades. Por vna vez que aya de
salir donde pueda ser vista, enuiste su cara con
hiel e miel, con vnas tostadas e higos passados e
con otras cosas, que por reuerencia de la mesa
[34] dexo de dezir. Las riquezas las hazen a
estas hermosas e ser alabadas; que no las gra-
cias de su cuerpo. Que assí goze de mí, vnas
tetas tiene, para ser donzella, como si tres vezes
houiesse parido: no parecen sino dos grandes
calabaças. El vientre no se le he visto; pero, juz-
gando por lo otro, creo que le tiene tan floxo,
como vieja de cincuenta años. No sé qué se ha
visto Calisto, porque dexa de amar otras, que
más ligeramente podría hauer e con quien más
él holgasse; sino que el gusto dañado muchas vezes
juzga por dulce lo amargo.
SEMPRONIO.- Hermana, paréceme aquí que
cada bohonero alaba sus agujas, que el contra-
rio desso se suena por la cibdad. [35]
AREUSA.- Ninguna cosa es más lexos de