La Celestina
La Celestina verdad que la vulgar opinión. Nunca alegre
viuirás, si por voluntad de muchos te riges.
Porque estas son conclusiones verdaderas, que
qualquier cosa, que el vulgo piensa, es vanidad;
lo que fabla, falsedad; lo que reprueua es bon-
dad; lo que aprueua, maldad. E pues este es su
más cierto vso e costumbre, no juzgues la bon-
dad e hermosura de Melibea por esso ser la que
afirmas.
SEMPRONIO.- Señora, el vulgo parlero no
perdona las tachas de sus señores e asà yo creo
que, si alguna touiesse Melibea, ya serÃa descu-
bierta de los que con ella más que con nosotros
tratan. E avnque lo que dizes concediesse. Ca-
listo es cauallero, Melibea fijadalgo: assà que los
nacidos por linaje escogido búscanse vnos a
otros. Por ende no es de marauillar que ame
antes a ésta que a otra.
AREUSA.- Ruyn sea quien por ruyn se tiene.
[36] Las obras hazen linaje, que al fin todos so-
mos hijos de Adán e Eua. Procure de ser cada
vno bueno por sà e no vaya buscar en la nobleza
de sus passados la virtud.
CELESTINA.- Hijos, por mi vida que cessen
essas razones de enojo. E tú, Elicia, que te tor-
nes a la mesa e dexes essos enojos.
ELICIA.- Con tal que mala pro me hiziesse,