La Celestina
La Celestina migo el que contigo queda. ¡O desuentura! ¡O
súbito mal! ¿Quál fue tan contrario acontesci-
miento, que assà tan presto robó el alegrÃa deste
hombre e, lo que peor es, junto con ella el seso?
¿Dexarle he solo o entraré alla? Si le dexo, ma-
tarse ha; si entro alla, matarme ha. Quédese; no
me curo. Más vale que muera aquel, a quien es
enojosa la vida, que no yo, que huelgo con ella.
Avnque por al no desseasse viuir, sino por ver
mi Elicia, me deurÃa guardar de peligros. Pero,
si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado
[38] a dar cuenta de su vida. Quiero entrar.
Mas, puesto que entre, no quiere consolación ni
consejo. Asaz es señal mortal no querer sanar.
Con todo, quiérole dexar vn poco desbraue,
madure: que oydo he dezir que es peligro abrir
o apremiar las postemas duras, porque mas se
enconan. Esté vn poco. Dexemos llorar al que
dolor tiene. Que las lágrimas e sospiros mucho
desenconan el coraçón dolorido. E avn, si de-
lante me tiene, más comigo se encenderá. Que
el sol más arde donde puede reuerberar. La
vista, a quien objeto no se antepone, cansa. E
quando aquel es cerca, agúzase. Por esso quié-
rome sofrir vn poco. Si entretanto se matare,
muera. Quiçá con algo me quedaré que otro no
lo sabe, con que mude el pelo malo. Avnque