La Celestina
La Celestina mán.
ALISA.- Esso creo yo más, que lo que la vieja
ruyn dixo. Pensó que recibirÃa yo pena dello e
mintiome. Guarte, hija, della, que es gran tray-
dora. Que el sotil ladrón siempre rodea las ricas
moradas. Sabe esta con sus trayciones, con sus
falsas mercadurÃas, mudar los propósitos cas-
tos. Daña la fama. A tres vezes, que entra en
vna casa, engendra sospecha.
LUCRECIA. (Aparte).- Tarde acuerda nuestra
ama.
ALISA.- Por amor mÃo, hija, que si acá tornare
sin verla yo, que no ayas por bien su venida ni
la recibas con plazer. Halle en ti onestidad en tu
respuesta e jamás boluerá. Que la verdadera
virtud más se teme, que espada.
MELIBEA.- ¿Dessas es? ¡Nunca más! Bien
huelgo, señora, de ser auisada, por saber de
quien me tengo de guardar.
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