La Celestina
La Celestina Dios de mi casa tú. E essotro no dé vozes, no
allegue la vezindad. No me hagays salir de se-
so. No querays que salgan a plaza las cosas de
Calisto e vuestras.
SEMPRONIO.- Da bozes o gritos, que tú
complirás lo que prometiste o complirán oy tus
días.
ELICIA.- Mete, por Dios, el espada. Tenle,
Pármeno, tenle, no la mate esse desuariado.
CELESTINA.- ¡Justicia!, ¡justicia!, ¡señores ve-
zinos! ¡Justicia!, ¡que me matan en mi casa estos
rufianes!
SEMPRONIO.- ¿Rufianes o qué? Esperá, do-
ña, hechizera, [111] que yo te haré yr al infierno
con cartas.
CELESTINA.- ¡Ay, que me ha muerto! ¡Ay,
ay! ¡Confessión, confessión!
PÁRMENO.- Dále, dále, acábala, pues co-
mençaste. ¡Que nos sentirán! ¡Muera!, ¡muera!
De los enemigos los menos.
CELESTINA.- ¡Confessión!
ELICIA.- ¡O crueles enemigos! ¡En mal poder
os veays! ¡E para quién touistes manos! Muerta
es mi madre e mi bien todo.
SEMPRONIO.- ¡Huye!, ¡huye! Pármeno, que
carga mucha gente. ¡Guarte!, ¡guarte!, que viene