La Celestina
La Celestina cama, daca mi manto presto, que por los sanc-
tos de Dios para aquella justicia me vaya bra-
mando como vna loca. ¿Qué es esto? ¿Qué
quieren dezir tales amenazas en mi casa? ¿Con
una oueja mansa tenés vosotros manos e
braueza? ¿Con vna gallina atada? ¿Con una
vieja de sesenta años? ¡Allá, allá, con los hom-
bres como vosotros, contra los que ciñen espa-
da, mostrá vuestras yras; no contra mi flaca
rueca! Señal es de gran couardía acometer a los
menores e a los que poco pueden. Las suzias moxcas
nunca pican sino los bueyes magros e flacos, los
guzques ladradores a los pobres peregrinos aquexan
con [110] mayor ímpetu. Si aquella, que allí está en aquella cama, me ouiesse a mi creydo, jamás quedaría esta casa de noche sin varón ni dormiríemos a
lumbre de pajas; pero por aguardarte, por serte fiel,
padescemos esta soledad. E como nos veys mugeres,
hablays e pedís demasías. Lo qual, si hombre sinties-
sedes en la posada, no haríades. Que como dizen: el
duro aduersario entibia las yras e sañas.
SEMPRONIO.- ¡O vieja auarienta, garganta
muerta de sed por dinero!, ¿no serás contenta
con la tercia parte de lo ganado?
CELESTINA.- ¿Qué tercia parte? Vete con