La Celestina
La Celestina tomarás, si yo puedo, más liebres. Déxate comigo
de razones. A perro viejo no cuz cuz. Danos las
dos partes por cuenta de quanto de Calisto has
recebido, no quieras que se descubra quién tú
eres. A los otros, a los otros, con essos halagos,
vieja.
CELESTINA.- ¿Quién só yo, Sempronio?
¿Quitásteme de la putería? Calla tu lengua, no
amengües mis canas, que soy vna vieja qual
Dios me hizo, no peor que todas. Viuo de mi
oficio, como cada qual oficial del suyo, muy
limpiamente. A quien no me quiere no le busco.
De mi casa me vienen a sacar, en mi casa me
ruegan. Si bien o mal viuo, Dios es el testigo de
mi coraçón. E no pienses con tu yra maltratar-
me, que justicia ay para todos: a todos es ygual.
Tan bien seré oyda, avnque muger, como voso-
tros, muy peynados. Déxame en mi casa con mi
fortuna. [109] E tú, Pármeno, no pienses que
soy tu catiua por saber mis secretos e mi passa-
da vida e los casos, que nos acaescieron a mí e a
la desdichada de tu madre. E avn assí me tra-
taua ella, quando Dios quería.
PÁRMENO.- No me hinches las narizes con
essas memorias; si no, embiart'e con nueuas a
ella, donde mejor te puedas quexar.
CELESTINA.- ¡Elicia! ¡Elicia! Leuántate dessa