La Celestina
La Celestina puede dexar de ser hecho. ¡E el bouo de Calisto,
que se lo escucha!
CALISTO.- Ya quiere amanecer. ¿Qué es esto?
No me paresce que ha vna hora, que estamos
aquí, e da el relox las tres.
MELIBEA.- Señor, por Dios, pues ya todo
queda por ti, pues ya soy tu dueña, pues ya no
puedes negar mi amor, no me niegues tu vista
de día, passando por mi puerta; de noche don-
de tú ordenares. Sea tu venida por este secreto
lugar a la mesma ora, porque siempre te espere aper-
cebida del gozo con que quedo, esperando las venide-
ras noches. E por el presente te ve con Dios, que
no serás visto, que haze muy [130] escuro, ni yo
en casa sentida, que avn no amanesce.
CALISTO.- Moços, poné el escala.
SOSIA.- Señor, vesla aquí. Baxa.
MELIBEA.- Lucrecia, vente acá, que estoy so-
la. Aquel señor mío es ydo. Comigo dexa su
coraçón, consigo lleua el mío. ¿Asnos oydo?
LUCRECIA.- No, señora, dormiendo he esta-
do. [131]
SOSIA.- Tristán, deuemos yr muy callando, por-
que suelen leuantarse a esta hora los ricos, los cobdi-
ciosos de temporales bienes, los deuotos de templos,
monesterios e yglesias, los enamorados como nuestro