La Celestina
La Celestina por el más bienauenturado hombre que nasció.
E [128] por mi vida que, avnque soy mochacho,
que diesse tan buena cuenta como mi amo.
SOSIA.- Para con tal joya quienquiera se ter-
nía manos; pero con su pan se la coma, que
bien caro le cuesta: dos moços entraron en la
salsa destos amores.
TRISTÁN.- Ya los tiene oluidados. ¡Dexaos
morir siruiendo a ruynes, hazed locuras en con-
fiança de su defensión! Viuiendo con el Conde,
que no matase al hombre, me daua mi madre
por consejo. Veslos a ellos alegres e abraçados e
sus seruidores con harta mengua degollados.
MELIBEA.- ¡O mi vida e mi señor! ¿Cómo has
quisido que pierda el nombre e corona de vir-
gen por tan breue deleyte? ¡O pecadora de mi
madre, si de tal cosa fueses sabidora, cómo to-
marías de grado tu muerte e me la darías a mí
por fuerça! ¡Cómo serías cruel verdugo de tu
propia sangre! ¡Cómo sería yo fin quexosa de
tus días! ¡O mi padre honrrado, cómo he daña-
do tu fama e dado causa e lugar a quebrantar tu
casa! ¡O traydora de mí, cómo no miré [129]
primero el gran yerro que seguía de tu entrada,
el gran peligro que esperaua!
SOSIA.- ¡Ante quisiera yo oyrte esos mira-
glos! Todas sabes essa oración, después que no