La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

sados trabajos?

MELIBEA.- Por mi vida, que avnque hable tu

lengua quanto quisiere, no obren las manos

quanto pueden. Está quedo, señor mío. Bástete,

pues ya soy tuya, gozar de lo esterior, desto [127]

que es propio fruto de amadores; no me quieras robar

el mayor don, que la natura me ha dado. Cata que

del buen pastor es propio tresquillar sus ouejas e ganado; pero no destruyrlo y estragarlo.

CALISTO.- ¿Para qué, señora? ¿Para que no

esté queda mi passión? ¿Para penar de nueuo?

¿Para tornar el juego de comienço? Perdona,

señora, a mis desuergonçadas manos, que ja-

más pensaron de tocar tu ropa con su indigni-

dad e poco merecer; agora gozan de llegar a tu

gentil cuerpo e lindas e delicadas carnes.

MELIBEA.- Apártate allá, Lucrecia.

CALISTO.- ¿Por qué, mi señora? Bien me

huelgo que estén semejantes testigos de mi glo-

ria.

MELIBEA.- Yo no los quiero de mi yerro. Si

pensara que tan desmesuradamente te auías de

hauer comigo, no fiara mi persona de tu cruel

conuersación.

SOSIA.- Tristán, bien oyes lo que passa. ¡En

qué términos anda el negocio!

TRISTÁN.- Oygo tanto, que juzgo a mi amo


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker