La Celestina
La Celestina que me auían de dar plazer.
AREUSA .- No entremos, por mi vida, más aden-
tro, [178] que se estiende ya el vellaco, pensando que
le vengo a rogar. Que más holgara con la vista de
otras como él, que con la nuestra. Boluamos, por
Dios, que me fino en ver tan mal gesto. ¿Paréscete,
hermana, que me traes por buenas estaciones e que
es cosa justa venir de bísperas y entrarnos a uer vn desuellacaras que ay está?
ELICIA .- Torna por mi amor, no te vayas; si no,
en mis manos dexarás el medio manto.
CENTURIO .- Tenla, por Dios, señora, tenla no se
te suelte.
ELICIA .- Marauillada estoy, prima, de tu buen
seso. ¿Quál hombre ay tan loco e fuera de razón, que
no huelgue de ser visitado, mayormente de mugeres?
Llégate acá, señor Centurio, que en cargo de mi alma
por fuerça haga que te abrace, que yo pagaré la fruta.
AREUSA .- Mejor lo vea yo en poder de justicia e
morir a manos de sus enemigos, que yo tal gozo le
dé. ¡Ya, ya hecho ha conmigo para quanto biua! ¿E
por quál carga de agua le tengo [179] de abraçar ni