La Celestina
La Celestina Orestes a su madre Clistenestra. El cruel emperador
Nero a su madre Agripina por solo su plazer hizo
matar. Estos son dignos de culpa, estos son verdade-
ros parricidas, que no yo; que con mi pena, con mi
muerte purgo la culpa, que de su dolor se me puede
poner. Otros muchos crueles ouo, que mataron hijos
e hermanos, debaxo de cuyos yerros el mío no pares-
cerá grande. Philipo, rey de Macedonia; Herodes, rey
de Judea; Constantino, emperador de Roma; Laodice,
reyna de Capadocia, e Medea, la nigromantesa. To-
dos estos mataron hijos queridos e amados, sin nin-
guna razón, quedando sus personas a saluo. Final-
mente, me ocurre aquella gran crueldad de Phrates,
rey de los Parthos, que, porque no quedasse sucessor después dél, mató a Orode, su viejo padre e a su
vnico hijo e treynta hermanos suyos. Estos fueron
delictos dignos de culpable culpa, que, guardando
sus personas de peligro, matauan sus mayores e
descendientes e hermanos. Verdad es que, avnque
todo esto assí sea, no auía de remedarlos en lo que
malhizieron; pero no es más en mi mano. Tú,
Señor, que de mi habla eres testigo, ves mi poco
poder, ves quán catiua tengo mi libertad, quán
presos mis sentidos de tan poderoso amor del
muerto [210] cauallero, que priua al que tengo
con los viuos padres.