La Celestina
La Celestina clamor de campanas, este alarido de gentes,
este aullido de canes, este grande estrépito de
armas. De todo esto fuy yo la causa. Yo cobrí de
luto e xergas en este día quasi la mayor parte
de la cibdadana cauallería, yo dexé, oy muchos
siruientes descubiertos de señor, yo quité mu-
chas raciones e limosnas a pobres e enuergon-
çantes, yo fuy ocasión que los muertos touies-
sen compañía del más acabado hombre, que en
gracia nasció, yo quité a los viuos el dechado de
gentileza, de inuenciones galanas, de atauíos e
brodaduras, de habla, de andar, de cortesía, de
virtud, yo fuy causa que la tierra goze sin tiem-
po el más noble cuerpo e más fresca juuentud,
que al mundo era en nuestra edad criada. E
porque estarás espantado con el son de mis no
acostumbrados delitos, te quiero más aclarar el
hecho. Muchos días son passados, padre mío,
que penaua por amor vn cauallero, que se lla-
maua Calisto, el qual tú bien conosciste. Conos-
ciste assimismo [212] sus padres e claro linaje:
sus virtudes e bondad a todos eran manifiestas.
Era tanta su pena de amor e tan poco el lugar
para hablarme, que descubrió su passión a vna
astuta e sagaz muger, que llamauan Celestina.
La qual, de su parte venida a mí, sacó mi secre-
to amor de mi pecho. Descubría a ella lo que a